domingo, 6 de octubre de 2024

La vendedora de flores

–¿Qué quiere que diga la tarjeta, señor? – insistió la vendedora de flores.

Tomé un instante para meditar el mensaje, pero divagué en el oficio de aquella mujer. Ella que está al tanto de mis secretos, de mis dedicatorias, de la única dirección a la que envío flores y de las manos que las reciben. Sabe que siempre son rosas. Sabe de mis palabras afligidas y de las esperanzadoras. ¿Qué más sabe? Su labor conlleva imprimir en pequeñas tarjetas, mal diseñadas, los sueños y las cicatrices de otros. En un solo día, sus flores son para declaraciones, para suplicar perdón y para acompañar el llanto por los que ya no están. La vulnerabilidad expresada a través de un arreglo floral que debe guardar historias, dulces despedidas, deseos, agradecimientos, felicitaciones y lágrimas.

Señor…

Un minuto, por favor.

El minuto se convirtió en dos o quizás tres. Mis dedos bailaron en el aire como si tuviera un teclado, intentando encontrar las palabras correctas. Un mensaje menos para mi mente, pero un secreto más para la vendedora, con descuento y envío incluido. ¿Una tarjeta más en la que nunca podré encapsular todo lo que pasa por mi cabeza?

Señor, la tarjeta. ¿Qué mensaje le pongo?

Solo “Con cariño de Francisco”. Lo demás, usted ya lo sabe.

 



Francisco Contreras

Quito - Ecuador